viernes, 6 de abril de 2012

LA PRIMERA EDAD

EL PRIMER DÍA DESPUÉS DE LA CREACIÓN

Por un momento todo fue confusión, luego todas las miradas y esperanzas se dirigieron a la Torre del Vigía, Eosgufna y Eria fueron los primeros en vencer la inercia y acercarse a ella. Al tocar sus puertas se abrieron y ante la mirada de los demás penetraron en ella, minutos después volvieron a salir.

- Es sólo un cronista; No tiene repuestas, sólo preguntas; No opina, sólo observa; No enseña, sólo aprende; Conoce nuestro pasado y presente, pero ignora por completo nuestro futuro; Lo único que puede hacer por nosotros es repetir las palabras de cuando fuimos creados, ellas deberán ser la brújula que nos oriente.

Dadilaer y Aorñosda sonrieron, y luego tomados de la mano se desvanecieron, pues su morada estaba en los sueños.

Arreit y Eosgufoñin continuaron en su tarea de proteger a los seres más débiles, y con sorpresa descubrieron que los más débiles no estaban entre los seres inferiores sino que eran los doce seres humanos, no sólo porque aún eran unos cachorros, sino porque su capacidad de sobrevivir en forma autónoma era más débil que la de los cachorros de las otras especies, para ser más exactos se podría decir que no existía.

Eria extendió sus alas y voló hasta Anulonteiv, desde allí comenzó a observar y a aprender.

Semejante hizo Eosgufna, calentó su cuerpo para hacerlo más ligero que el aire y flotó hasta Anuleosguf, pues era hora de preparar Oitsina, su hogar, y desde allí observar y aprender.

Eosgufil miraba Aigam con extrañeza, la guerra no era más que una palabra y él, el fuego guerrero, se sentía fuera de sitio, entonces escuchó un rugido, un depredador había caído sobre su presa, la batalla por la vida ya había iniciado y el guerrero sonrió, comprendió que aún en tiempos de paz el mundo era una continua lucha, la cacería le permitiría ejercitarse en el manejo de las armas y perfeccionar las técnicas de la guerra, un rugido salió de su garganta mientras corría raudo a buscar víctimas para su sed de lucha.

Gusara por su parte comenzó a fluir, su hogar era el cielo, el mundo y el inframundo, su placer era viajar y transformarse, no se detendría hasta haber recorrido a Aigam por completo, fragmentó su cuerpo y su ser habitó cada gota de agua para así poder tener conciencia de los diversos viajes de cada una de ellas, y como el agua estaba en todas partes su conciencia pudo estar en todas partes de forma simultánea.


EL NOMBRE DE LOS DOCE PRIMEROS

Pronto Arreit y Eosgufoñin se encariñaron con los doce cachorros humanos, no sólo por las palabras del Dios Niño, sino porque su debilidad frente a los demás cachorros obligó a ambos Isgur primigenios a cuidarlos más que a ningún otro ser, y en esa tarea el amor fue creciendo de tal manera que los cuidados se prolongaron aún más allá de la etapa de indefensión

- ¿Cómo los llamaremos? – Fue lo primero que inquieto a los poderosos Isgur y de manera provisional decidieron nombrarles de acuerdo al color de sus cabellos, o de sus ojos.

A la pareja de niños pelirrojos, ojos café oscuro y piel del color del bronce, los llamaron Fogoso y Sanguínea.

A la pareja de niños rubios, y piel amarilla, los llamaron Dorado y Luminosa. Pero sus ojos no eran del mismo color, Luminosa los tenía del color del cielo cuando ni una sola nube lo empaña, en cambio los ojos de Dorado eran más oscuros que una noche sin luna y sin estrellas.

A la pareja de niños de cabello blanco, y piel casi transparente, los llamaron Hidro y Láctea. Pero sus ojos no eran del mismo color, Hidro tenía los ojos teñidos del color del mar, Láctea negros, pero con pequeñas chispas de luz, que recordaban una noche sin luna, iluminada por el resplandor de unas cuantas estrellas.

A la pareja de niños de cabello azul y piel canela, los llamaron Celeste y Acuática. Pero sus ojos no eran del mismo color, los ojos de Celeste eran de un gris oscuro semejante al de las nubes cargadas de agua, los ojos de Acuática eran de color verde agua y como el agua parecían cambiar de tonalidad dependiendo el reflejo de la luz.

A la pareja de niños de cabellos y ojos verdes, y piel terracota los llamaron Verdor y Arbórea.

A la pareja de niños de piel, ojos y cabellos negros, los llamaron Oscura y Nocturno.

Y los niños se acostumbraron a aquellos nombres, y los Isgur a llamarlos así, de esta manera comenzó a escribirse el destino de los 12 primeros.

Pero no sólo Eosgufoñin y Arreit se interesaban por los doce humanos, los otros isgur no olvidaban su carácter casi divino y buscaban ganarse su simpatía.


ISGUR

NIÑOS

Arreit y Eosgufoñin

Verdor y Arbórea

Eria y Eosgufna

Celeste y luminosa

Gusara

Acuática e Hidro

Eosgufil

Fogoso y Sanguínea

Aorñosda

Láctea y nocturno

Dadilaer

Dorado y Oscura

VERDOR Y ABÓREA

De todos los humanos, Verdor y Arbórea fueron desde un principio, los preferidos de Arreit. El verde de sus ojos y cabellos recordaban, al isgur de la tierra, el verde de los bosques, y los dos pequeños pronto correspondieron a su preferencia.

Arreit les educó entonces en el conocimiento de los bosques, en especial la flora y los animales que habitan en ella, tales como pájaros, ardillas y algunos insectos.

En poco tiempo el bosque se convirtió en su amada, todos los seres del bosque les protegían, y cuando apenas habían dado sus primeros pasos y se acercaron a un árbol, este, aunque fuera en contra de su esencia, por el poder del amor fue capaz de mover sus ramas, y así ayudarle a los pequeños a subir a él. El milagro se repitió con cada árbol que Verdor y Arbórea quisieron escalar, de esta manera el bosque alrededor de la caverna se convirtió en adiveksob, el bosque vivo, y los árboles deseosos de hablar con los niños aprendieron a mover sus ramas de tal manera que al acariciar el viento surgieran extraños sonidos, los pequeños aprendieron a interpretarlos y ese fue el origen del sobones, palabras del bosque, el lenguaje menos conocido de aigam, sólo dominado por un pequeño grupo de elegidos, todos descendientes de Verdor y Arbórea, salvo los ilzarf, guerreros de la verdad, pues Gluzarf, lider de este grupo y único de ellos descendiente de Verdor y Arbórea, enseñó a sus amigos el extraño lenguaje.

Mientras Verdor y Arbórea crecían, comenzó a formarse en el claro más grande del bosque vivo el primer poblado de Aigam: Oitisaf, que significa lugar del amor. Fue surgiendo lentamente, sin que nada ni nadie lo hubiera buscado. Los más diversos animales, atraídos por los jóvenes de los verdes cabellos comenzaron a construir sus hogares allí. Los árboles se llenaron de nidos, la tierra de madrigueras y las cuevas aledañas fueron todas habitadas.

No sólo estaban los animales. Arreit, entusiasmado, jugaba durante horas creando seres de barro. Verdor y Arbórea le daban ideas para que creara seres que fueran mezcla de los seres ya existentes: serpientes con alas, águilas del tamaño de un elefante gigantesco, anfibios con alas retráctiles, habitantes del agua, la tierra y el aire.

Por todos lados la vida surgía, los animales se amaban, y Verdor y Arbórea comenzaron a sentir el deseo de dar vida, y unieron sus cuerpos para amarse de todas las animales maneras imaginables.

Un día, Arbórea observó como un gato hambriento se acercaba sigilosamente a una pequeña ave. Rápidamente se abalanzó sobre el gato, salvando el ave del peligro. Luego hablo con Verdor y todos los seres fueron convocados. Fue una larga discusión, pero al final Verdor y Arbórea lograron que todos los seres vivos presentes en Oitisaf se comprometieran con que dentro de los límites del poblado ni la más leve agresión sería permitida. Cualquier conflicto debería ser solucionado mediante el diálogo, y de parecer imposible un acuerdo: Verdor, Arbórea y Arreit se encargarían de buscar una solución.

Los depredadores se comprometieron a establecer fuera de Oitisaf sus cotos de caza. Tan sólo podrían guardar en sus guaridas y hogares los cuerpos de las presas fuera de allí obtenidas.

Este hecho hizo que Oitisaf comenzará a poblarse aún más, los animales viejos y débiles, descubrieron un refugio para poder prolongar su vida. Y Oitisaf ganó con esto, pues eran seres débiles, pero sabios. Los años habían debilitado su cuerpo y fortalecido su mente.

Y las creaciones de barro se aparearon con los seres inferiores, y surgieron nuevos seres, productos de nuevos cruces.

Pronto Arbórea tuvo su primer hijo, y le siguieron muchos otros

CELESTE Y LUMINOSA

El cielo y el sol recordaban a Luminosa el color de sus ojos y cabellos. Los ojos y cabellos de Celeste se asemejaban al cielo, con nubes o sin nubes, por eso tomaron la costumbre de mirar al cielo y esto sembró, primero en sus miradas y luego en todo su cuerpo el deseo de tener alas, y como no las poseían comenzaron a frecuentar los altos riscos, más altos que los árboles y allí aprendieron a dominar el arte de escalar aún con más habilidad que Verdor y Arbórea.

En estas excursiones conocieron a Eria y el amor por las alturas los unió en un principio, luego compartieron el amor por el conocimiento pues el isgur del viento sembró en ellos el deseo del saber y este amor por el conocimiento les llevó a entablar amistad con Eosgufna, y a la par que el amor por el conocimiento , surgió el amor por el canto y la poesía.

Y los vientos fueron convocados…

- Deseo que ustedes sean las alas con las cuales Celeste y Luminosa han soñado. Dijo Eria mientras dirigía su mirada a los dos jóvenes y ellos no lo pensaron ni un segundo, aunque en ese momento Anulonteiv volaba a gran altura saltaron hacía la tierra, y los vientos los rodearon, no sólo para sostenerlos sino para ser sus alas, al principio no fue sencillo, pero hora a hora, día a día, los vientos aprendieron a interpretar los movimientos de cada parte de esos cuerpos, y los cuerpos aprendieron a moverse de la forma más clara para los vientos, al final podían volar con la velocidad del halcón y el águila, o como el colibrí flotar inmóviles en el cielo.

El día en que hicieron el amor por primera vez, en medio de la pasión olvidaron su poder, pero no así los vientos y mientras sus cuerpos se unían, los vientos los levaban de un lugar a otro, fue así que sin saberlo ejecutaron la más hermosa y erótica danza aérea que el universo halla contemplado.

ACUÁTICA E HIDRO

La voz del arroyo era para acuática e Hidro la esencia de la belleza, cada día el sol al despertar los encontraba sumergidos en sus aguas, luego salían del arroyo y emprendían el camino.

Cada día buscaban conocer algo nuevo, pero no era el deseo de entender y acumular conocimiento lo que animaba su alma, mientras Celeste y Luminosa observaban que comían los distintos animales. Acuática e Hidro probaban aquella comida y jugaban a ser el animal que observaban, y ese mismo deseo de sentir todo lo que los otros seres sentían les hacía inconstantes.

En un mismo día podían ser ardilla, cangrejo y lobo, su capacidad de imitar a los seres era asombrosa, hasta el punto que Celeste, Luminosa, Eosgufna y Eria les buscaban ha menudo, pues observándoles imitar a un animal era posible aprender más sobre este que mirando al animal mismo, pero había que tener cuidado, realidad e imaginación se mezclaban en su forma de representar pudiendo llevar a los observadores a conocimientos errados.

Y un día observaron dos animales copulando, y comenzaron a imitarlo, pero de repente pararon al descubrir ese caudal de nuevas sensaciones que se apoderaba de sus cuerpos, e hicieron el amor de una forma animal y extraña.

FOGOSO Y SANGUÍNEA

Fueron los primeros en sufrir las reprimendas de Arreit, siempre estaban buscando reñir, por cualquier tontería incitaban a sus hermanos a la lucha, pero estos rápidamente comprendieron el juego y decidieron no participar en él, no sólo porque era agotador sino porque siempre salían derrotados.

Debido a esto terminaron riñendo entre sí, ambos sabían que era el placer de la contienda lo que los incitaba, así que no buscaban excusas.

Sus luchas podían durar días y no paraban hasta que uno de los dos mordiera el polvo, entonces escapaban rápidamente, buscaban la soledad y allí reconstruían la contienda y reflexionaban hasta encontrar el porque del resultado de ella, luego observaban los animales, en especial a los depredadores, con el ánimo de perfeccionar sus técnicas para después enfrentarse de nuevo el uno con el otro.

Pero un día, luchando cuerpo a cuerpo sintieron algo extraño, un sentimiento nuevo, con una intensidad mayor que la de la lucha, ese día sus labios se unieron y luego de ese momento, fugaz en el tiempo, eterno en el recuerdo, no supieron que hacer, las manos sabían luchar más no crear caricias.

Los grandes guerreros aprendieron a huir, y aunque el deseo de enfrentarse era grande, el miedo a ese extraño sentimiento era aún mayor.

La soledad hubiera sido su destino, pues los guerreros son los seres más cobardes cuando hay lucha mas no batalla, pero su destino era otro.

Una mañana al salir a cazar, pobre sustituto de la contienda, observaron en el cielo a Celeste y Luminosa uniendo sus cuerpos, meciéndose en el aire, y el deseo desgarró al miedo, cortó sus cabezas de un sólo zarpazo para que no pudieran seguir duplicándose, aunque, cómo la hidra, sobrevivió un vestigio que permitiría al miedo volver a renacer, pero eso seria luego, al menos momentáneamente había sido silenciado.

Esa noche se convirtieron en artífices de caricias, pero la ternura no silencio la violencia, los labios besaron pero también mordieron casi hasta desgarrar; las manos acariciaron, pero las uñas dejaron surcos sanguinolentos en la piel del otro, y se penetraron con tal violencia que al final de todo, encontraron a sus cuerpos habitados por un dolor mayor que el que quedaba después de la más sangrienta de sus contiendas.

LACTEA Y NOCTURNO

Entre los doce primeros Láctea y nocturno siempre fueron considerados seres melancólicos y extraños, nunca accedieron a luchar con Fogoso y Sanguínea y nunca mostraron curiosidad por conocer acerca de lo que les rodeaba, tal parecía que sólo dos cosas les interesaba en el mundo: soñar y hablar entre ellos dos de lo soñado, y un buen día se levantaron, tomaron sus cosas y emprendieron camino hasta la torre del vigía, Onaicna les abrió las puertas:

- Los esperaba, Aorñosda me avisó de su llegada.

Y el cronista enseñó a los dos jóvenes el arte de la escritura para que así ellos pudieran conservar el recuerdo de sus viajes por los mundos distantes, pues los sueños de los dos jóvenes eran siempre sueños verdaderos, es decir que sus almas tenían el don de recorrer durante el sueño mundos, galaxias y universos distantes y aprender de esos otros mundos. Incluso pudieron llegar en sus viajes a un mundo donde el dios niño era sólo un hombre solitario soñando a Aigam, y sonrieron pues conocían a través de los sueños un universo donde un ser solitario soñaba el universo donde el dios niño existía. Y la sabiduría que obtenían en cada uno de sus viajes era cada vez mayor, por eso comprendieron que no pasaría mucho tiempo antes de que naciera la guerra.

Aorñosda se convirtió en su guía, y la primera y única isgur del sueño les llamo hijos en su corazón y por ser los primeros a los cuales dio ese nombre decidió nunca silenciar sus recuerdos, arriesgándose con ello a fallar su misión de vida: impedir que los conocimientos de los otros mundos lleguen antes o después del momento indicado.

Y en medio de sus viajes maduraron al amor, y un día fundieron sus cuerpos, pues era hora de conjugar sus esencias y que nuevos seres surgieran a la vida. Pero ese fundirse de cuerpos no se limitó a ellos dos: Dorado y Oscura terminaron siendo partícipes de los fuegos sexuales y pronto las dos fundadoras del sueño verdadero sintieron su vientre llenarse de vida, sin saber si la esencia provenía de Dorado y Nocturno.

DORADO Y OSCURA

Dorado y Oscura se sentían ávidos de escuchar y de imaginar, cuando llegaba la noche los demás primeros, menos Láctea y Nocturno, se hacían alrededor de ellos y los dos comenzaban a narrar historias en las cuales la fantasía era una máscara detrás de la cual siempre asomaba el rostro de la verdad.


Incluso los isgur gustaban de escuchar sus historias, razón por la cual no era extraño ver como en las noches Anulonteiv y Anuleosguf flotaban sobre las cuevas de la infancia.


Fue así que terminaron haciéndose amigos de Eria y Eosgufna, y estos les enseñaron el arte de la escritura, pero el entusiasmo inicial se fue enfriando: los dos jóvenes querían saber sólo por el deseo de saber, lo único que querían era atrapar la verdad y transmitirla a través de historias, así que un día Eria y Eosgufna montaron cada uno en su luna flotante y se alejaron, esa misma noche y a través de los sueños Dadilaer se les presentó y les pidió fueran los hijos de su corazón, ya que el era el guardián del conocimiento y ellos unos enamorados del conocimiento por si mismo, no como una herramienta para transformar el mundo, Dorado y Oscura aceptaron y abandonaron las cuevas de la infancia para marcharse a vivir a la Torre del Vigía, allí se encontraron con Láctea y Nocturno y por primera vez estos hablaron con ellos, pues como guardianes del conocimientos y protegidos de Dadilaer deberían sistematizar las visiones de los mundos soñados y separar fantasía de realidad, así como las realidades de un mundo respecto a las realidades de otros, fue así como surgió la hermandad del sueño verdadero, del oculto conocimiento.


Láctea y Nocturno encargados de viajar por los diferentes mundos, galaxias y universos que conforman el sueño verdadero, y así alimentar esos otros mundos con la energía de los sueños y traer el conocimiento de ellos. Dorado y Oscura los anfitriones, encargados de recibir a los soñadores y hablar con ellos para hacerles comprender la realidad aigmaniana y establecer nexos, haciendo así posible el regreso de los soñadores y su energía, encargados además de que ningún conocimiento muera en el olvido.


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